Por: Astrid Navarro Rodriguez
Magister en Innovación
Durante años nos han hecho creer que hay una ventana mágica para lograrlo todo: estudiar, amar, emprender, encontrar propósito.
Y que, si no lo hiciste antes de los 30, “ya se te pasó el tren”.
Nada más alejado de la realidad.
Hoy quiero decirlo con claridad: emprender, reinventarse o descubrir un talento después de los 40 (o incluso de los 50) no solo es posible. Es poderoso.
A los 40 o 50, no empiezas desde cero: empiezas desde lo vivido
A los 25 quizás tenías energía, pero no tenías rumbo. A los 40 tienes perspectiva.
A los 50, tienes historia. Y eso marca la diferencia.
Emprender más tarde en la vida tiene ventajas reales:
- Experiencia vivida: No te lanzas a ciegas, llevas herramientas internas que otros todavía están aprendiendo.
- Redes más sólidas: Tu círculo personal y profesional puede ser una fuente directa de apoyo y colaboración.
- Decisiones más conscientes: Emprendes con foco, no con ansiedad.
- Propósito claro: Ya no haces por aparentar. Haces porque tiene sentido para ti.
- Mejor manejo emocional y financiero: Sabes manejar el riesgo con más madurez.
Emprender no es una carrera, es una siembra continua
Personas que lanzan su primer emprendimiento a los 42.
Mujeres que retoman un talento artístico a los 48.
Hombres que cambian de carrera a los 55.
Abuelos que abren un canal de cocina o jardinería a los 60.
No es tarde. Es su momento.
Porque cuando dejas de correr contra el tiempo, empiezas a correr a favor de tu verdad.
La edad no marca un límite, marca un punto de partida
Normalicemos descubrir nuestros sueños a los 30.
Encontrar el amor a los 40.
Y empezar de nuevo a los 50.
Si hoy sientes que hay algo dentro de ti que aún no ha salido…
Ese algo merece nacer.
Y tú mereces vivirlo.
Porque nunca es tarde para comenzar.
Y mucho menos cuando lo haces con lo más valioso que tienes: tu historia, tu experiencia y tus ganas verdaderas de vivir diferente.

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