Emprendí con miedo, vendí con vergüenza… y lo volvería a hacer

Por: Astrid Navarro Rodríguez. Emprendedora y Magister en Innovación.

Cuando empecé con Los Vinos Son de la Sierra, tenía más dudas que certezas. Me gustaba el vino, sí. Valoraba su historia, su origen, su conexión con la tierra. Pero una cosa era amar el producto y otra muy distinta era producirlo y venderlo.

Lo confieso: al principio me daba vergüenza ofrecerlo. Me costaba hablar de precios. Me parecía que insistir en mostrarlo era “molestar”. Sentía que no tenía la seguridad suficiente para “sonar a emprendedora”.

Pero lo hice igual. Y no lo hice sola.

 Emprender en familia: nuestro mejor capital

Este sueño comenzó junto a mis hermanos y mi esposo, como una idea compartida, una motivación en común y muchas ganas de crear algo propio. Cada uno aportó desde su experiencia, desde su tiempo, desde su amor por lo que hacíamos.

Pero más allá de lo operativo, lo que realmente nos sostuvo fue el apoyo incondicional de nuestra familia.
Mi mamá, siempre ahí, lista para animarnos cuando algo no salía como esperábamos.
Mis hijos, con su presencia, su paciencia y su alegría, fueron y son mi mayor motor.
Y así, entre pruebas, sabores, etiquetas y  dificultades, Los Vinos Son de la Sierra se han convertido en un proyecto profundamente familiar.

 Vender no es molestar, es compartir algo en lo que crees

Con el tiempo, entendí que emprender no significa tener todo claro desde el inicio. Significa avanzar, incluso cuando hay miedo. Descubrí que vender no es incomodar, es contarle al otro que encontraste algo valioso y que puede disfrutarlo también.

Y sí, algunas veces sentí que no estaba lista. Que había gente con más experiencia, más seguridad, más contactos. Pero mientras yo dudaba, otros vendían. Mientras pensaba si valía la pena publicar algo, otros ya estaban llenando pedidos.

Ahí comprendí que el miedo no se va. Se transforma cuando decides avanzar a pesar de él.

 Los vinos, como los sueños, necesitan tiempo… pero también acción

Son de la Sierra, Vinos Artesanales nació como una idea pequeña y se ha ido convirtiendo en un proyecto con propósito. No porque desaparecieran mis miedos, sino porque decidí no hacerles caso todo el tiempo.

Invertí aún con dudas. Ofrecí aún con vergüenza. Aprendí a mejorar, corregir, insistir… y a no esconder lo que estoy construyendo con tanto amor y esfuerzo en familia.

 Emprender con miedo también vale

Si esperas a no tener miedo para empezar, vas a esperar toda la vida.
Y terminarás trabajando para alguien que también tuvo miedo… pero se atrevió primero.

Hoy te lo digo como emprendedora en proceso, no como experta:
Hazlo igual. Aprende sobre la marcha. Vende con el corazón y con estrategia. Porque nadie va a valorar tu proyecto como tú… si tú no lo muestras.

 Este texto nace de mi experiencia, pero también del cariño y la fuerza que me ha dado mi familia. Si estás emprendiendo y el miedo te visita cada tanto… no estás solo. El reto no es eliminarlo. El reto es no dejar que decida por ti.

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